miércoles, 2 de noviembre de 2016

El mayor robo de monedas antiguas de la historia

mayor robo de monedas antiguas
Medallón de Justiniano robado y fundido en 1831

En una entrada sobre las colecciones numismáticas más importantes del mundo mencionaba la del Gabinete de Medallas (Cabinet des Médailles) de la Biblioteca Nacional de Francia, una de las más importantes del mundo con más de 520.000 piezas, de las que unas 225.000 son monedas de la Antigüedad. Esta colección sería hoy día todavía mucho más importante si no hubiera sido víctima, el 5 de noviembre de 1831, de uno de los mayores y más trágicos robos padecidos por un museo en la historia. En esta entrada quiero contaros sobre ese terrible acontecimiento.

Es un hecho conocido que los museos “odian las colecciones de monedas”, pues son objetos de pequeño tamaño que no atraen demasiado la atención de los visitantes y son particularmente difíciles de proteger de los ladrones. En el 2007, el museo de la American Numismatic Society sufrió el robo de unas 300 monedas con un valor aproximado de un millón de dólares, mientras que en 2010, 44  monedasfueron robadas del museo de la Universidad de Tübingen (Alemania) por mencionar sólo un par de ejemplos recientes. Pero el robo más importante de monedas antiguas sufrido por un museo ocurrió en el siglo XIX

Anillo de Childerico - parte de lo recuperado del botín

El robo


Dos ladrones aprovecharon la oscuridad de una fría noche de noviembre del año 1831 para introducirse en la sede del gabinete de medallas en París. Sin ser detectados, lograron llevarse un enorme botín de 80 kilos de objetos de metales preciosos que incluía, entre otras cosas, cajas repletas de las monedas más valiosas de la colección, más de 2.000 en total. El valor de esas piezas ya era incalculable por aquel entonces, pero el objetivo de los delincuentes no era vender las piezas robadas como antigüedades, sino fundirlas y desprenderse del oro en forma de lingotes. Las ganancias a obtener de esa forma eran muchísimo menores, pero el oro fundido tenía la ventaja de no revelar su procedencia.

La policía actuó con gran rapidez y logró apresar a los ladrones en poco tiempo. Sin embargo, para cuando fueron descubiertos, habían logrado llevar a cabo la mayor parte de su plan y ya habían fundido aproximadamente un 90 % de su botín. En lugar de las monedas, los agentes del orden pudieron, en consecuencia, recuperar sólo los lingotes todavía calientes en los moldes en los que habían sido vertidos. 

Las abejas de Childerico



Las pérdidas


Las pérdidas fueron terribles, porque los ladrones destruyeron muchas piezas únicas, especialmente medallones romanos. Los mayores tesoros de la colección se perdieron así para siempre. Entre los objetos no monetarios, la pérdida más valiosa fue la de los objetos de oro del tesoro hallado al descubrirse la tumba del rey franco Childerico en 1653. El tesoro incluía un precioso manto decorado con 300 abejas de oro. Dos de estas abejas fueron de los pocos objetos que la policía pudo recuperar del tesoro.

Muchas de las monedas perdidas eran ejemplares únicos. Una de las piezas más valiosas entonces destruidas fue un enorme medallón del emperador Justiniano del que, por fortuna, además de diversas ilustraciones como la que encabeza esta entrada, todavía existe una copia hecha mediante electrotipo que nos permite apreciar con precisión cuál era su aspecto. El medallón en cuestión era un múltiplo de 36 solidi (164gr. de oro), que había sido descubierto en 1751.

En el anverso presentaba un busto de Justiniano como general, armado con una lanza y una coraza y coronado con una diadema. La leyenda alrededor del retrato rezaba Dominus Noster Iustinianus Perpetuus Augustus (Nuestro Señor Justiniano, Perpetuo Augusto). 

El reverso mostraba nuevamente a Justiniano, esta vez montando a caballoFrente a él marchaba una victoria sosteniendo una palma y un trofeo bajo el brazo izquierdo. La inscripción del exergue indicaba a Constantinopla como la ceca donde había sido acuñada la pieza. La leyenda del anverso era: Salus et Gloria Romanorum (Seguridad y gloria de los romanos). Siempre se ha considerado que semejante pieza habría sido acuñada para marcar las particularmente suntuosas celebraciones del triunfo sobre los vándalos y la reconquista de Cartago por Belisario en el año 534 d.C. El valor de esta moneda sería hoy incalculable.