jueves, 16 de noviembre de 2017

Julio César y la introducción del áureo en el sistema monetario romano

áureo de Julio César Crawford 452
Áureo de Julio César, acuñado en ceca móvil que acompaña a su ejército circa 48-47 a.C.

Tras su triunfo sobre Pompeyo en la guerra civil entre los años 49 -46 a.C., Julio César se transformó en el dueño único del destino político de la república romana. Fiel a su estilo, César aprovechó su poder para introducir reformas en los más diversos planos de la ley, la sociedad y las costumbres, llegando incluso a modificar el tradicional calendario romano.

Uno de los ámbitos en los que se desplegó el celo reformista de César fue el monetario. César reformó el colegio de los monetales elevando su número de tres a cuatro por razones que no están del todo claras, pero que, posiblemente, se relacionan con las crecientes necesidades burocráticas de los grandes volúmenes de monedas que comenzaron a emitirse en esos años. En efecto, los enormes botines obtenidos en las campañas de las guerras civiles le permitieron a César acuñar monedas en cantidades nunca vistas. En su triunfo, por ejemplo, César hizo desfilar un tesoro de oro y plata equivalente a 20.000.000 de áureos y 436.800.000 denarios, repartiéndose dos tercios de estas sumas a sus tropas como donativos y a los habitantes de Roma.

La introducción del áureo


Una novedad particularmente importante de la política monetaria cesariana, fue el uso sistemático del áureo, una política que prefigura a la de Augusto. César fijó el estándar para esta moneda en 1/40 de la libra romana (unos 8 gr.) y fijó la tasa de cambio en 25 denarios por áureo. Probablemente, el áureo cesariano tuvo éxito porque reproducía las características generales de las estateras macedónicas que habían circulado como divisa internacional por mucho tiempo en el mundo mediterráneo. Por un siglo, tanto los herederos de César, Marco Antonio y Octaviano, como sus asesinos, Bruto y Casio, y los emperadores de la dinastía Julio-claudia acuñarían áureos siguiendo el estándar cesariano.

Denario de Julio César, acuñado en ceca móvil que acompaña a su ejército circa 48-47 a.C

La designación áureo (aureus) es utilizada tanto en las fuentes antiguas como por los numismáticos modernos. Su nombre oficial completo no era nummus aureus, como con frecuencia se supone, sino curiosamente, denarius aureus, ya que las monedas de oro parecían "denarios hechos de oro" debido a su tamaño.


Inicialmente, César siguió el modelo de L. Cornelio Sila bastante de cerca. Una primera emisión de áureos denarios y quinarios (Crawford 452) fue acuñada por la ceca móvil que acompañaba a sus fuerzas entre los años 48-47 a.C. Los áureos se acuñaron en escasa cantidad y solo unos pocos especímenes han llegado hasta nosotros. Parece haberse utilizado un estándar más pesado del que se aplicaría a las emisiones posteriores. Los denarios y quinarios son mucho más comunes y llevan los mismos diseños de los áureos.


Áureo de Julio César, acuñado en ceca móvil que acompaña a su ejército circa 47 a.C

En el anverso de estas monedas vemos una figura femenina hacia la derecha con diadema y corona de roble que porta además pendientes y un collar de perlas. Las interpretaciones más probables son que se trata de Venus, de Pietas o de Clementia. Tras la cabeza puede verse una marca de control LII. En el reverso se encuentra representado un trofeo militar con un escudo galo y un carnyx. A la derecha se encuentra un hacha. El reverso lleva, además, la leyenda CAESAR. Ambas caras tienen una grafila de puntos.

Si bien el anverso es más difícil de interpretar, el reverso es una clara alusión a las victorias de César en la Galia. Ello era importante en el contexto de las guerras civiles porque uno de los puntos centrales de las críticas de sus enemigos era que César había actuado sin autorización y en su propio beneficio al atacar a los galos. El general les recordaba con estas piezas a sus soldados que el triunfo había sido en beneficio de Roma y de ellos mismos, que habían compartido con él los honores de la victoria.

En el año 47 a.C. se llevó a cabo una segunda emisión (Crawford 456), ahora exclusivamente de áureos, también en una escala reducida. Se adoptaron para ésta diseños completamente nuevos. En el anverso vemos el hacha y el culullus (un pequeño recipiente con forma de cuerno), mientras que en el reverso vemos la jarra y el lituus dentro de una corona de laurel. Todos estos objetos eran emblemas de la posición de pontífice máximo. La gran innovación en estos áureos se encuentra en las leyendas. CAESAR – DICT en el anverso e ITER en el reverso, que indican que César ya había asumido la dictadura por segunda vez.

La gran emisión de áureos del 46 a.C.


En el 46 a.C. César hizo acuñar una tercera emisión de áureos (Crawford 466), mucho más numerosa que las precedentes. Estas monedas, producidas en Roma, están firmadas por el pretor Aulus Hirtius y portan en el anverso la leyenda CAESAR COS TER que permiten datarlas con seguridad en ese año. Estas monedas fueron producidas en el año que vio, en septiembre, la celebración fastuosa de los cuatro triunfos de César sobre Galia, Egipto, Farnaces y África.




La tradición literaria romana conserva los relatos bastante detallados de los aspectos financieros de las festividades: según Apiano (civ 2.102.421ss.), 65,000 talentos en moneda y 2,822 coronas de oro que pesaban 20,414 libras se expusieron al público en las procesiones. En esta ocasión, César pagó enormes sumas de dinero a su ejército y al pueblo: 400 sestercios a cada ciudadano y 20,000 a cada soldado raso; los rangos superiores por supuesto recibieron sumas mucho mayores. Dadas las enormes sumas necesitadas para estos festejos era mucho más eficiente acuñar áureos que denarios.

En el anverso de estos áureos vemos la cabeza de una figura femenina velada, probablemente Vesta, mientras que el reverso nos muestra el hacha, la jarra y el lituus, los símbolos del pontífice máximo. La leyenda de anverso C·CAESAR COS·TER identifica el tercer consulado de César y la de reverso A·HIRTIVS·PR que designa al magistrado que tuvo a su cargo la acuñación.

La acuñación de nuevas emisiones de áureos (más reducidas) en los años siguientes deja en claro que las monedas de oro no habían sido producidas sólo por una conveniencia del momento, sino que las autoridades cesarianas tenían el objetivo de alterar el sistema monetario tradicional, promoviendo al oro al rango de una moneda estándar. 

sábado, 4 de noviembre de 2017

El decussis, la moneda romana más grande de la historia


decussis
Decussis - AE 1075 gr. c. 215 a.C. Anverso: Cabeza de Roma a la derecha con yelmo. Marca de valor X. Reverso: Proa de galera romana hacia la izquierda. Marca de valor X.

La Segunda Guerra Púnica y la crisis del sistema monetario romano arcaico


La Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.) fue un acontecimiento de crucial importancia en la historia de Roma. Una lucha a todo o nada por la hegemonía en el Mediterráneo occidental entre las dos potencias de la región, Cartago y la República romana.

Al comienzo de la guerra, el osado cruce de los alpes y las geniales victorias en las batallas de Ticino, Trebia y el lago Trasimeno les dieron a los cartagineses una importante ventaja y dejaron a los romanos en una situación crítica. Aníbal Barca parecía estar siempre un paso delante de los generales de la república. Los romanos se decidieron a reunir el mayor contingente de tropas de su historia confiando en que la superioridad de fuerzas les permitiría neutralizar el talento táctico de Aníbal.  Enviaron contra el enemigo 16 legiones, que con sus unidades auxiliares correspondientes llegaban a unos 80.000 hombres.

Pese estos ingentes esfuerzos, la campaña del 216 a.C. representó el punto más crítico en la historia militar de Roma. La batalla de Cannas fue la mayor derrota de las legiones romanas en toda su historia. A pesar de su inferioridad numérica, Aníbal realizó con sus tropas un genial movimiento de pinzas. Los soldados romanos, atacados desde todos los frentes, fueron aniquilados en una matanza hasta entonces sin precedentes.

La derrota dejó a la República en una situación desesperada. Las pérdidas no podían reponerse en el corto plazo y ya no se contaba con metal suficiente para seguir acuñando las monedas romanas con los estándares vigentes antes del comienzo de la guerra. Los quadrigatos fueron devaluados reduciendo su contenido de plata y las monedas de bronce reducidas en su peso.



El decussis


Los años que siguieron a la derrota de Cannas fueron críticos para Roma. Las devaluaciones parecen haber llevado a una gradual pérdida de confianza en las monedas romanas. Las autoridades reaccionaron con algunos experimentos monetarios acuñando piezas nuevas. Una emisión especialmente interesante es la de un conjunto completo de denominaciones de bronce que el numismático inglés Michael Crawford ubica entre los años 215-212 a.C. y que incluye ejemplares fundidos de gran tamaño de múltiplos del AS: dupondios, tressis, quincussis y decussis.



La última es particularmente llamativa porque es, de hecho, la moneda más grande jamás emitida por el Estado romano en toda su larga historia, con 1075 gr. de peso. En su anverso representa la cabeza de Roma hacia la derecha con un yelmo frigio y la marca de valor X detrás tal como la encontraremos después en los primeros denarios. En el reverso, por su parte, vemos la típica proa de las monedas fundidas de bronce romanas, en este caso hacia la izquierda. Debe haberse tratado de un experimento que pronto se mostró inviable, porque muy pocas de estas piezas excepcionales han llegado hasta nosotros.

Se conocen hoy sólo cuatro ejemplares del decussis, de los cuales, tres se encuentran en museos y uno sólo en las manos de un coleccionista, habiendo sido subastado en el 2010 por 240.000 francos suizos.

domingo, 22 de octubre de 2017

Un hombre con una moneda romana – el retrato de un coleccionista del Renacimiento

Hans Memling Hombre con moneda romana
Hans Memling - "Hombre con moneda romana" - 1473

El exquisito retrato que puede verse sobre estas líneas fue pintado por uno de los mayores artistas flamencos del siglo XV, Hans Memling. Es uno de los testimonios más elocuentes de la nueva pasión por el coleccionismo de monedas antiguas que se desarrolló en Europa durante el Renacimiento.

La pintura


El pintor Hans Memling solía trabajar para una clientela variada, que iba desde instituciones religiosas hasta ricos burgueses. A fines del siglo XV, Brujas, la ciudad donde trabajaba el pintor nacido en Alemania, era un centro del comercio internacional. Los mercaderes que solían vivir y trabajar allí estaban ansiosos por ser inmortalizados gracias al pincel de un artista de talento. Era habitual que escogieran representarse con objetos que evidenciaran su estatus y sus gustos refinados. Lo nuevo en este caso es que el objeto elegido para ello sea una moneda romana.

En este retrato, la mirada del modelo está dirigida al espectador. Su expresión es casi soñadora, propia de una persona absorta en sí misma y aislada del mundo exterior. Totalmente en línea con la moda italiana de finales del siglo XV, el retratado está vestido con una túnica negra atada al cuello con un cordón. La moneda antigua en su mano izquierda lleva el busto del emperador romano Nerón. En la parte inferior, notamos dos hojas de laurel. Siguiendo los ejemplos de sus contemporáneos italianos, Memling llenó el fondo con un paisaje bucólico, en el que vemos algunos cisnes, un jinete y una palmera exótica.

Sestercio Nerón Hans Memling
Fragmento de la pintura que incluye la moneda representada

El retratado y su moneda


Durante mucho tiempo, la identidad del hombre retratado fue un enigma, pero el misterio hoy se considera resuelto. Algunos de los detalles en la pintura apuntan inequívocamente a Bernardo Bembo, un humanista y político veneciano que pasó un tiempo en Brujas entre los años 1472 y 1473 en una misión diplomática. 

Bernardo era un ferviente coleccionista de monedas y su emblema incluía hojas de laurel y una palmera. La presencia de esas plantas en el fondo del retrato sería una alusión a ello. Hoy es recordado, sobre todo, por ser el padre de Pietro Bembo, uno de los mayores humanistas y poetas italianos de la primera parte del siglo XVI.


Memling se esforzó por lograr una representación exacta de la moneda romana, lo que nos permite reconocerla como un sestercio del emperador Nerón. Es evidente el sentimiento de orgullo que en el retratado despierta su posesión. Como otros humanistas de la época, Bernardo sentía una verdadera pasión por las monedas antiguas. 

Su hijo Pietro Bembo afirma en una de sus cartas poseer un sestercio de Nerón ¿Será este mismo con el que se hizo retratar su padre?